Plegaria vida consagrada

Se ha cerrado un milenio y se ha abierto otro.
Yo quisiera, Señor, cerrar en mi vida un versículo del Apocalipsis y darle una versión nueva: "Tengo contra ti que has abandonado el amor primero..." (Ap. 2,4)
Yo quisiera que, en el transcurso estrategias de swing trading del nuevo milenio, me digas: "Tengo a favor tuyo que ha crecido tu amor primero...ven, para seguir caminando juntos anunciando la buena noticia..."
Cerremos los ojos, no para dejar de mirar, sino para ver mejor, para conectar con el gran TÚ, de donde manamos, de quien nos sustentamos, al que tendemos irresistiblemente, y con el que alimentamos a nuestro gran número de hijos.
¡¡Orar!! Todos deseamos orar.


Porque no es una técnica más, un espacio más dentro de un programa de vida consagrada, o de la vida de un creyente.
No es algo que hay que hacer, que es obligado, que hasta es actual y que "se lleva".
¡Orar es instintivo!
Orar fluye de mí sin saber cómo.
Como lo es el mirar, sonreír, enamorarse, amar.
Todo eso fluye de mí como el agua del manantial.
Fluye también la tendencia a Aquel de quien vengo, a Aquel a quien voy, al que es mi habitat.
Leo en un poema reciente:

Yo no hice mis deseos.
No hice mis anhelos.
No puedo optar ni por el hambre ni por la sed.
No he fabricado mi palpitar íntimo,
mi ansia de infinito.
¿Quién lo hace brotar en mí?
¿Quién agrietó mis entrañas de tanto anhelar lo bueno?
Soy la partícula metálica zarandeada por la fuerza magnética de un adorable IMÁN.
Soy el injerto en el tiempo del orante eterno: JESÚS.
El quiere seguir orando en mí al Padre.
Me brinda el TÚ a TÚ que le deje, en mí, el lugar que ocupan los vacíos de tantas cosas.

Vivir de Jesucristo es orar. El vivió en el éxtasis del Padre.

Yo he de realizarme, plenificarme, haciendo realidad el "Oro, más no yo, es Cristo quien reza en mí".

Jesús, quiero ser el huerto, el monte, donde tu clamas al Padre.
Quiero ser la colina desde donde multipliques tu pan a las multitudes hambrientas.
Acepto que me ames y que las ames en tus designios incomprensibles.
Acepto que tus peticiones sean las mías.
Sólo necesito que me digas:
"Tengo a favor tuyo que ha crecido tu amor primero..."

Tu me quieres, como a mis veinte años, frescos e inquietos.
Me quieres con todas las infidelidades que han seguido.
Me quieres con el amor primero,
el mismo que incendió las mil y una galaxias.

No es mi fidelidad la que compró tu amor.
Mi fidelidad puede hacerme feliz a mí,
pero Tú me quieres siempre.

La vida consagrada es el estuche para la joya de tu amor.
Es una protección constante,
un aliento incesante,
un camino directo para el amor sin límites.
¡Padre!... ¡Jesús!...
sois dos olas que con fuerza se entrelazan y saltan hacia arriba,
anegándome en espuma de Espíritu Santo.
Aquí estoy.

Padre, no sé donde me llevas,
pero estoy contigo y con Jesús.
Jesús, el infinitamente diferente,
el adorablemente nuevo.

Jesús, eres mi plenitud.
Inyéctame el ansia de volver a orar cada día contigo.
Quiero saber a qué sabe estar ebria de Dios.
Y, en todo caso, aunque no sepa a qué sabe,
estar contigo es la VIDA.
Es la delectación de una proximidad amada, aunque solo sea intuida.
Apoderarme de tu amor es transmitir vida a la agonía de miles de seres humanos
incrustados en mi existencia.
¡Te necesito!
¡Me necesitan!
Para ellos, también me necesitas Tú.

Quiero respirarte y renovar poco a poco el aire del nuevo milenio.
Quiero orar para aumentar incesantemente mi amor primero.
Te lo pido humildemente.

 

María Araceli Abós Ara, dominica contemplativa
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